La solución de los problemas

Otro ejemplo de cómo puede crear nuevo significado una metáfora nos surgió de manera accidental. Un estudiante iraní, al poco tiempo de su llegada a Berkeley asistió a un seminario sobre la metáfora con uno de nosotros. Entre las cosas maravillosas que encontró en Berkeley, había una expresión que él oía una y otra vez y entendía como una bella y cuerda metáfora. La expresión era «la solución de mis problemas» —que él tomaba por un gran volumen de líquido, haciendo burbujas y humeando, que contenía todos los problemas de uno, bien disueltos, bien en la forma de precipitado, con catalizadores que constantemente disolverían algunos problemas (momentáneamente) y precipitarían otros. Se quedó terriblemente desilusionado cuando descubrió que los residentes de Berkeley no poseían esa metáfora QUÍMICA en mente. Y bien podría ser, porque la metáfora QUÍMICA es bonita y es intuitiva. Nos proporciona una visión de los problemas como cosas que nunca desaparecen completamente y que no se pueden resolver de una vez por todas. Todos los problemas que tiene una persona están siempre presentes, sólo que pueden ser disueltos en una solución o pueden estar en forma sólida. Lo mejor que se puede esperar es encontrar un catalizador que consiga que se disuelva un problema sin hacer que se precipite otro. Y dado que uno no tiene control completo de lo que ocurre en la solución está constantemente descubriendo problemas viejos y nuevos que se precipitan y problemas presentes que se disuelven, en parte gracias a los esfuerzos de uno, y en parte a pesar de lo que se haga.

La metáfora QUÍMICA nos proporciona una nueva visión de los problemas humanos. Es apropiada a la experiencia de descubrir que los problemas que pensamos que ya estaban solucionados vuelven una y otra vez. La metáfora QUÍMICA dice que los problemas no son la clase de cosas que se puede hacer desaparecer para siempre. Tratarlos como cosas que se pueden resolver de una vez por todas es inútil.

Vivir mediante la metáfora QUÍMICA sería aceptar como un hecho que ningún problema desaparece para siempre. Más que dirigir las energías a resolver los problemas una vez por todas, uno las dirigiría a encontrar los catalizadores que disolvieran sus problemas más acuciantes durante el mayor tiempo posible, y sin precipitar otros peores. La reaparición de un problema se consideraría un hecho natural, más que un fallo por parte de uno a la hora de encontrar la forma correcta de solucionarlo.

Vivir mediante la metáfora QUÍMICA significaría que los problemas tienen un tipo de realidad distinto para nosotros. Una solución temporal sería un éxito más que un fracaso. Los problemas entrarían a formar parte del orden natural de las cosas en vez de tratarse de desórdenes que deben curarse. La forma en que uno entendería su vida cotidiana y la forma en que actuaría sería diferente si uno viviera según la metáfora QUÍMICA.

—George Lakoff y Mark Johnson en Metáforas de la vida cotidiana

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